Como lo hice yo
- Fundación Grupo Las Troyanas
- 21 abr 2019
- 3 Min. de lectura
Me llamo Melanie, y soy una chica pereirana que lo tuvo todo. Mi mamá es hermosa, pero estoy segura de que no me quiere porque no soy su equipo de fútbol. Nos hizo venir a Bogotá, dejé mi colegio y mis amigas. Me sentía tan sola que publiqué en mi Facebook, quería encontrarme con alguien, poder salir. Alguien respondió.
Paola parecía saberlo todo, yo estaba feliz de haberla conocido. Me mostró la ciudad y me presentó a sus socios que eran severos pelos de locos. Me enseñó a tomar y a farrear, y me daba puerta cuando se me borraba el cassette.
—¿Cómo sería y nos vamos pal’ Santa Fe? —los socios le decían a Paola.
—Blanco. ¿A qué horas?
Llegamos a la bomba, los socios ya lo estaban pegando. Yo estaba asustada, había viejas mostronas por todos lados y hombres sucios tirados en la calle. Me agarré de Paola.
Un señor que vendía bolsos me preguntó que cuánto. Yo miré a Paola sin entender nada y comencé a caminar más rápido. El hombre nos siguió.
—Dígale que 40 y la pieza —me dijo ella.
Yo seguía sin comprender nada, pero luego me detuve y entendí.
—No. Me da miedo —le dije al hombre que no me dejaba en paz.
Paola me miró como burlándose y me dijo:
—No sea boba y aproveche, mire que el man tiene la luca —no quería ser boba entonces dije que sí.
—Pero me da un bolso —exigí.
—Sí, mi reina.
Los socios miraron todo y de seguro se aburrieron porque nos dejaron ahí botadas.
Seguí al señor a ese hotel de la bomba. Las piezas eran muy feas: una camita, un televisor de la época de mi mamá, papel amarillo, jabón chiquito y un condón.
Yo no sabía qué hacer, ese señor me dijo que se lo chupara y se lo sacó. Yo seguía sintiendo miedo y le dije que me esperara, entonces cogí la plata y el bolso y salí corriendo. Le dije al señor de la residencia que me cubriera porque tenía miedo, y el cucho me colaboró.
Paola me volvió a dar puerta y a salvo volví a mirar mi plata y mi bolso nuevo.
—¡Este mundo me encanta, voy a ganar mucho con esto! —le dije emocionada a mi nueva amiga.
—Saquemos entonces una pieza en el Santa Fe, nos vamos a dar la vida.
***
Una vez fuimos al SanBer a comprar cremalleras. Paola quería divertirse y se echó tres pepas, como yo vi que no le pasó nada me tomé dos. Luego vi a Paola desesperarse porque no le estaban haciendo nada y compró un Speed para las dos. Yo ni sabía qué era lo que debía pasar.
Entonces vi cómo Paola me hablaba muy lento, casi que ni le entendía, pero era raro porque luego yo sentí que iba a mil. No sé cómo terminamos en el Santa Fe de nuevo, creo que era hora de hacer plata. Solo sabía que me encantaba sentirme así.
Allá en el Santa Fe Paola me presentó a un chico. Él también me enseñó a divertirme y no salíamos de la pieza. Como raro, con el pasar del tiempo empecé a sospechar que él ya no me quería, me hacía rebuscar la plata para luego quedarse con mis pepas.
Yo tuve que hablar con él, solo me gritó mientras empacaba sus cosas.
—Eso no es responsabilidad mía, tú verás. ¿No dizque ganas mucho?
Me dejó.
Quedé llorando quién sabe cuánto tiempo, no me di cuenta de que estaban haciendo un operativo en la zona. Me tiraron al camión.
—Pasito que estoy embarazada —les grité con rabia.
No me creyeron, se echaron a reír y me cerraron la puerta en la cara. Arrancaron.
Terminé internada por ser menor de edad. Alguien al final se atrevió a preguntarme que qué quería hacer con ese niño, y yo le dije:
—Pasado pisado. Yo sí voy a responder como mi mamá no me enseñó, yo no quiero que este niño se haga daño como lo hice yo.
El anterior texto fue creado en conjunto con tres adolescentes* víctimas de ESCNNA y una troyana, a raíz de los talleres realizados entre Grupo las Troyanas y el IDIPRON.

*Por motivos de confidencialidad y protección sus nombres no serán publicados.
Comments